lunes, 18 de febrero de 2019

2018: Violencia en los cuerpos de las Culturas juveniles.



Problema de investigación:
 ¿De qué manera se expresa o manifiesta la violencia en los cuerpos de las culturas juveniles estereotipadas como delincuentes?
Objetivos de la investigación:
 El objetivo de la investigación es conocer acerca de la violencia en los cuerpos de las culturas juveniles en cuanto a las vestimentas, ya que se les asignan estereotipos relacionados con la delincuencia.
Justificación:
Se desarrolla esta investigación porque diariamente los jóvenes son discriminados y violentados por pertenecer a sectores marginales y no tener acceso a los bienes que la clase dominante asigna. Generalmente cuando los jóvenes no acceden a determinado bien tienden a sentirse frustrados o decepcionados. Ésta investigación describe acerca de los prejuicios que se les asignan a los grupos juveniles ya sea por pertenecer a sectores subalternos y por el simple hecho de no tener los recursos disponibles para acceder a distintos bienes.
Metodología:
 El foco central del ante proyecto estará puesto en la discriminación hacia algo más complejo; a elementos de orden sociocultural que vinculan la pobreza con la marginación.



Marco teórico:
El término violencia se lo utiliza asimilándolo a conceptos como poder, explotación, coacción y autoritarismo, dominación y conflicto. Es el tipo de interacción entre sujetos que se manifiesta en aquellas conductas o situaciones de forma deliberada, aprendida o imitada. Provocan o amenazan con hacer daño o sometimiento grave (físico, sexual, verbal o psicológico) a un individuo o a una colectividad.
La discriminación es la acción a través de la cual se desvalorizan ciertos atributos (genotípicos y sociales) de las personas, justificando directa o indirectamente el ejercicio de diversos tipos de violencia sobre aquellos que los poseen. Los dos terrenos en los que se puede inscribir la discriminación son el discurso de las prácticas y las prácticas del discurso, es decir, en la acción y en el habla.
Las culturas juveniles son las prácticas sociales, resultado de la mezcla de la etapa de la juventud con la modernidad y por ende con la tecnología y los medios proporcionados por el fenómeno de la globalización. Actualmente la juventud ya se establece como una cultura aparte de la sociedad. Son grupos principalmente de jóvenes que se reúnen en torno a modas, intereses, filosofías y lugares comunes.
Se conoce con el nombre de estereotipo a la percepción exagerada y con pocos detalles, simplificada que se tiene sobre una persona o grupo que comparten ciertas características, cualidades y habilidades, que busca justificar o racionalizar una cierta conducta en relación a determinada categoría social.

En los cuerpos pobres de los jóvenes se inscribe un imaginario vinculado a la delincuencia. Se trata de cuerpos ingobernables en la medida en que han sido abandonados por la mano protectora de la sociedad que se ve ‘’traicionada’’ por unos padres y un ambiente que, en su misma condición de pobreza son incapaces ‘’naturalmente’’ de socializar adecuadamente a los niños y a los jóvenes. El crecimiento de una industria globalizada dedicada a la producción de bienes y mercancías para los jóvenes es pasmoso: ropa, zapatos, aparatos electrónicos y revistas se ofertan no solo como productos, sino como estilos de vida. La posesión o acceso a cierto tipo de productos implica acceder a un modo particular de experimentar el mundo que se traduce en adscripciones y diferenciaciones identitarias. Los bienes culturales no son solamente vehículos para la expresión de identidades juveniles, sino dimensión constitutivas de ellas. La ropa, por ejemplo, cumple un papel central para reconocer a los iguales y distanciarse de los otros, se le transfiere una potencia simbólica capaz de establecer la diferencia, que una mirada superficial podría leer como homogeneidad en los cuerpos juveniles.
Hoy como nunca, hemos entrado a una fase acelerada de producción social de formas estéticas masivas. El mercado apoyado por una industria publicitaria que propone patrones de identificación estética globalizada, es lo suficientemente hábil para captar y resemantizar los pequeños o grandes giros de la diferencia cultural. Lo más importante en este sentido es que en el plano de la estética vinculada al consumo, puede hablarse sin exagerar de ‘’naciones juveniles’’, con sus propios mitos de origen, sus rituales y sus objetos emblemáticos.
Existe una relación múltiple mediada entre los imaginarios propuestos por el mercado y los modos diferenciales de apropiación, negociación y resemantización de estos imaginarios por parte de los jóvenes. Indudablemente hay mucho de convencional en los bienes procurados por los jóvenes, pero en referencia a los modos de adscripción identitarias, en los colectivos juveniles son más importantes los objetos valiosos esos que adquieren sentido y valor al interior de las fronteras que separan de los otros. La identidad social o era por diferencia, todo ‘’nosotros’’ supone un ‘’otros’’, en función de rasgos, percepciones y sensibilidades compartidas y una memoria colectiva común, que se hacen más notables frente a otros grupos diferentes, con los cuales la comunicación encuentra obstáculos. En toda sociedad conviven grupos diferenciados cuyas identidades sociales se constituyen en torno a diversas variables, como sus peculiares formas de percepción, comunicación e interacción, adscripción social y generacional, origen étnico. Por ende, el ‘’otro’’ es condición normal de la convivencia social y base de toda identidad colectiva, pero varía la distancia que nos separa del ‘’otro’’, el grado de ‘’otredad’’ de extrañeza y también la carga afectiva y la actitud apreciativa con que nos relacionamos con la otredad social en general y con determinados ‘’otros’’ en particular. La discriminación se dirige hacia algo más complejo: a elementos de orden sociocultural que vinculan tales rasgos con la pobreza y la marginación. Se trata de una discriminación no reconocida, vergonzante; ser prejuicioso o racista supone una calificación que nadie admite fácilmente y que hoy no es socialmente valorada. La contraparte de esta discriminación no reconocida es la carencia de un discurso social sobre tal discriminación y la débil identidad social de los grupos discriminados.
Subjetividad, identidad y cuerpo son tres instancias indisolublemente articuladas, producto de un momento histórico determinado, de una situación de clase particular y por lo tanto de la configuración de un sistema de dominación social especifico que está operando en su base. Las subjetividades expresan esos modos de dominación: en las huellas que hacen carne, en las marcas del verbo, en el cuerpo y en el nombre; las identidades son conjuntos de narraciones heredadas, inscriptas en la memoria y en el cuerpo a través de los cuales los sujetos se inscriben y se reconocen entre sí como miembros de una tradición, de un grupo, de un lugar y de un sector social. El cuerpo es un conjunto de marcas dentro de un sistema general de características, con sus valores relativos a una determinada estructura social, que se traducen en un lenguaje de características somáticas el sistema de los posicionamientos sociales, con sus divisiones y sus jerárquicas. A través del cuerpo y su apariencia, los sujetos de cada intercambio cotidiano practican una fenomenología social espontanea en la que se perciben, se sopesan y se miden, atribuyéndose pertenencias recíprocas. Tanto los hombres como los cuerpos comunican mensajes a partir de su apariencia, con síntomas a través de los que se expresan dimensiones de la vida social, de su historia, de sus divisiones y luchas.
Bibliografía utilizada: 
La segregación negada- Mario Margulis, Marcelo Urresti (1999)
Emergencia de culturas juveniles ''Estrategias del desencanto'' -Rosana Reguillo Cruz-
             

No hay comentarios.:

Publicar un comentario