Problema de
investigación:
¿De qué manera se
expresa o manifiesta la violencia en los cuerpos de las culturas juveniles
estereotipadas como delincuentes?
Objetivos de la
investigación:
El objetivo de la
investigación es conocer acerca de la violencia en los cuerpos de las culturas
juveniles en cuanto a las vestimentas, ya que se les asignan estereotipos
relacionados con la delincuencia.
Justificación:
Se
desarrolla esta investigación porque diariamente los jóvenes son discriminados
y violentados por pertenecer a sectores marginales y no tener acceso a los
bienes que la clase dominante asigna. Generalmente cuando los jóvenes no
acceden a determinado bien tienden a sentirse frustrados o decepcionados. Ésta
investigación describe acerca de los prejuicios que se les asignan a los grupos
juveniles ya sea por pertenecer a sectores subalternos y por el simple hecho de
no tener los recursos disponibles para acceder a distintos bienes.
Metodología:
El foco central del
ante proyecto estará puesto en la discriminación hacia algo más complejo; a
elementos de orden sociocultural que vinculan la pobreza con la marginación.
Marco
teórico:
El término violencia se lo utiliza asimilándolo a conceptos como
poder, explotación, coacción y autoritarismo, dominación y conflicto. Es el
tipo de interacción entre sujetos que se manifiesta en aquellas conductas o
situaciones de forma deliberada, aprendida o imitada. Provocan o amenazan con
hacer daño o sometimiento grave (físico, sexual, verbal o psicológico) a un
individuo o a una colectividad.
La discriminación es la acción a través de la cual se
desvalorizan ciertos atributos (genotípicos y sociales) de las personas,
justificando directa o indirectamente el ejercicio de diversos tipos de
violencia sobre aquellos que los poseen. Los dos terrenos en los que se puede
inscribir la discriminación son el discurso de las prácticas y las prácticas
del discurso, es decir, en la acción y en el habla.
Las culturas juveniles son las prácticas sociales, resultado de la
mezcla de la etapa de la juventud con la modernidad y por ende con la
tecnología y los medios proporcionados por el fenómeno de la globalización.
Actualmente la juventud ya se establece como una cultura aparte de la sociedad.
Son grupos principalmente de jóvenes que se reúnen en torno a modas, intereses,
filosofías y lugares comunes.
Se conoce con el nombre de
estereotipo a la percepción exagerada y
con pocos detalles, simplificada que se tiene sobre una persona o grupo que
comparten ciertas características, cualidades y habilidades, que busca
justificar o racionalizar una cierta conducta en relación a determinada
categoría social.
En los cuerpos pobres de los
jóvenes se inscribe un imaginario vinculado a la delincuencia. Se trata de
cuerpos ingobernables en la medida en que han sido abandonados por la mano
protectora de la sociedad que se ve ‘’traicionada’’ por unos padres y un
ambiente que, en su misma condición de pobreza son incapaces ‘’naturalmente’’
de socializar adecuadamente a los niños y a los jóvenes. El crecimiento de una
industria globalizada dedicada a la producción de bienes y mercancías para los
jóvenes es pasmoso: ropa, zapatos, aparatos electrónicos y revistas se ofertan
no solo como productos, sino como estilos de vida. La posesión o acceso a
cierto tipo de productos implica acceder a un modo particular de experimentar
el mundo que se traduce en adscripciones y diferenciaciones identitarias. Los
bienes culturales no son solamente vehículos para la expresión de identidades
juveniles, sino dimensión constitutivas de ellas. La ropa, por ejemplo, cumple
un papel central para reconocer a los iguales y distanciarse de los otros, se
le transfiere una potencia simbólica capaz de establecer la diferencia, que una
mirada superficial podría leer como homogeneidad en los cuerpos juveniles.
Hoy como nunca, hemos entrado a una
fase acelerada de producción social de formas estéticas masivas. El mercado
apoyado por una industria publicitaria que propone patrones de identificación
estética globalizada, es lo suficientemente hábil para captar y resemantizar
los pequeños o grandes giros de la diferencia cultural. Lo más importante en
este sentido es que en el plano de la estética vinculada al consumo, puede
hablarse sin exagerar de ‘’naciones juveniles’’, con sus propios mitos de
origen, sus rituales y sus objetos emblemáticos.
Existe una relación múltiple
mediada entre los imaginarios propuestos por el mercado y los modos
diferenciales de apropiación, negociación y resemantización de estos
imaginarios por parte de los jóvenes. Indudablemente hay mucho de convencional
en los bienes procurados por los jóvenes, pero en referencia a los modos de
adscripción identitarias, en los colectivos juveniles son más importantes los
objetos valiosos esos que adquieren sentido y valor al interior de las
fronteras que separan de los otros. La identidad social o era por diferencia,
todo ‘’nosotros’’ supone un ‘’otros’’, en función de rasgos, percepciones y
sensibilidades compartidas y una memoria colectiva común, que se hacen más
notables frente a otros grupos diferentes, con los cuales la comunicación
encuentra obstáculos. En toda sociedad conviven grupos diferenciados cuyas
identidades sociales se constituyen en torno a diversas variables, como sus
peculiares formas de percepción, comunicación e interacción, adscripción social
y generacional, origen étnico. Por ende, el ‘’otro’’ es condición normal de la
convivencia social y base de toda identidad colectiva, pero varía la distancia
que nos separa del ‘’otro’’, el grado de ‘’otredad’’ de extrañeza y también la
carga afectiva y la actitud apreciativa con que nos relacionamos con la otredad
social en general y con determinados ‘’otros’’ en particular. La discriminación
se dirige hacia algo más complejo: a elementos de orden sociocultural que
vinculan tales rasgos con la pobreza y la marginación. Se trata de una
discriminación no reconocida, vergonzante; ser prejuicioso o racista supone una
calificación que nadie admite fácilmente y que hoy no es socialmente valorada.
La contraparte de esta discriminación no reconocida es la carencia de un
discurso social sobre tal discriminación y la débil identidad social de los
grupos discriminados.
Subjetividad, identidad y cuerpo
son tres instancias indisolublemente articuladas, producto de un momento
histórico determinado, de una situación de clase particular y por lo tanto de
la configuración de un sistema de dominación social especifico que está
operando en su base. Las subjetividades expresan esos modos de dominación: en
las huellas que hacen carne, en las marcas del verbo, en el cuerpo y en el
nombre; las identidades son conjuntos de narraciones heredadas, inscriptas en
la memoria y en el cuerpo a través de los cuales los sujetos se inscriben y se
reconocen entre sí como miembros de una tradición, de un grupo, de un lugar y
de un sector social. El cuerpo es un conjunto de marcas dentro de un sistema
general de características, con sus valores relativos a una determinada
estructura social, que se traducen en un lenguaje de características somáticas
el sistema de los posicionamientos sociales, con sus divisiones y sus
jerárquicas. A través del cuerpo y su apariencia, los sujetos de cada
intercambio cotidiano practican una fenomenología social espontanea en la que
se perciben, se sopesan y se miden, atribuyéndose pertenencias recíprocas.
Tanto los hombres como los cuerpos comunican mensajes a partir de su
apariencia, con síntomas a través de los que se expresan dimensiones de la vida
social, de su historia, de sus divisiones y luchas.
Bibliografía utilizada:
La segregación negada- Mario Margulis, Marcelo Urresti (1999)
Emergencia de culturas juveniles ''Estrategias del desencanto'' -Rosana Reguillo Cruz-
Bibliografía utilizada:
La segregación negada- Mario Margulis, Marcelo Urresti (1999)
Emergencia de culturas juveniles ''Estrategias del desencanto'' -Rosana Reguillo Cruz-